Las máquinas aprenden: el reconocimiento facial como método de identificación

Las máquinas aprenden: el reconocimiento facial como método de identificación

La tendencia en el diseño de los móviles es tener pantallas más grandes y dispositivos más pequeños.  Por ello, la eliminación total de los botones es un requisito indispensable para lograr que la pantalla ocupe toda la superficie del móvil.

Hace apenas un par de años los dispositivos móviles incorporaron como estándar la lectura de huella digital como sistema de identificación del usuario, y pronto se extendió a otros usos como las firmas digitales y la verificación de compras online.

Cada vez estamos más cerca de vivir en el “futuro” que planteaban las películas de ciencia ficción y de espías de finales del siglo pasado, en las que identificarse con la huella digital o con la lectura del iris era algo cotidiano.

Con la presentación del nuevo iPhone X, se ha hablado mucho de la identificación a través del reconocimiento facial como un nuevo estándar para verificar la identidad del usuario.

Este nuevo sistema de identificación, que ya incorporan las más recientes generaciones de teléfonos móviles de los dos fabricantes más importantes del mercado, permitirá en el futuro eliminar los passwords y el reconocimiento de huella digital como métodos de autenticación de la identidad. Ahora, el usuario podrá desbloquear el teléfono simplemente mostrando su cara a la cámara. Y no solo esto, sino que el mismo mecanismo será válido para hacer compras, firmar documentos o hacer verificaciones de las transacciones bancarias.

 

¿Cómo funciona?

El reconocimiento facial funciona a través de una cámara capaz de detectar luz infrarroja: con la información que le suministran la cámara frontal tradicional, a una luz de apoyo y un proyector infrarrojo, esta cámara hace un reconocimiento tridimensional de la cara del usuario.

El proyector infrarrojo envía miles de puntos invisibles a simple vista que permiten construir matemáticamente un modelo de la cara que está escaneando. Entre otras características, registra la forma, la dimensión y la proporción de las facciones, así como la distancia que hay entre los diferentes rasgos faciales.

En el caso de que el rostro que se está mostrando a la cámara no corresponda con un cierto porcentaje de los puntos registrados y almacenados, entonces procede a algún proceso alternativo de reconocimiento (como un password), tal como pasa ahora con la identificación por huella dactilar.

Los sistemas están preparados para tener en cuenta los cambios mínimos y cotidianos en la apariencia del usuario, como el uso de gafas, el crecimiento del cabello, el afeitado, los sombreros, etc. Esto es posible gracias a lo que se conoce como machine learning, que permite a los dispositivos “aprender” de las variaciones faciales del usuario y adaptarse a estos cambios en el momento de la identificación.


¿Qué usos puede tener esta nueva manera de identificación?

El uso más claro es el desbloqueo automático del teléfono en el momento que el usuario se pone delante de la cámara, lo cual es interesante cuando necesitamos acceder al aparato pero llevamos las manos ocupadas, mojadas o con guantes, o en cualquier situación donde se dificulte el contacto físico con el móvil para desbloquearlo.

Sin embargo, los usos de este nuevo desarrollo van mucho más allá.

Las posibilidades del reconocimiento facial ya se han hecho patentes en los programas fotográficos, ya sea para clasificar y nombrar las fotografías, o para aplicarles filtros.

En el caso de los ordenadores, esta tecnología  permitirá que, en los dispositivos que tienen más de un usuario, se pueda cargar automáticamente la configuración, fondo de pantalla, aplicaciones y compras de cada uno con solo ponerse delante de la cámara.

Quizá la aplicación más importante la veamos en el campo de la medicina, pues el principio básico de esta tecnología (el reconocimiento de patrones y el “aprendizaje” de la información almacenada) puede tener gran potencial para facilitar la detección temprana de enfermedades a través de la interpretación de biopsias, radiografías u otras imágenes de diagnóstico.

Aunque esta innovación aún está en una fase de “descubrimiento” y con cosas por pulir, no podemos negar que es un avance significativo e importante en el camino de la inteligencia artificial para hacernos más cómoda y efectiva la vida. Seguramente en un futuro muy cercano, cuando se convierta en un estándar de identificación, seremos testigos de muchos otros usos que nos facilitarán el día a día.

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