Durante el mes de marzo, los mercados financieros registraron un notable aumento de la volatilidad, provocado principalmente por el deterioro del entorno geopolítico debido al ataque de Estados Unidos e Israel a Irán y el posterior cierre del estrecho de Ormuz, un punto clave para el comercio mundial de petróleo, gas y otras materias primas. Este episodio incrementó la incertidumbre y generó movimientos bruscos tanto en renta variable como en renta fija. Además, los mercados europeos de deuda vivieron uno de los meses más volátiles desde que hay registros.
En este contexto, las bolsas registraron caídas generalizadas. En Europa, las caídas fueron especialmente acusadas: el Euro Stoxx 50 cedió un 9,26%, el DAX alemán un 10,30% y el CAC 40 un 8,90%, mientras que el IBEX 35 retrocedió un 7,14%. En Estados Unidos, las caídas fueron más moderadas, el S&P 500 se dejó un 5,09%, el Nasdaq 100 un 4,89% y el Dow Jones un 5,38%. En Asia, el comportamiento fue más negativo, el Nikkei japonés cayó un 13,23% y el MSCI Asia Pacific un 13,35%, reflejo del impacto del encarecimiento energético en economías dependientes de las importaciones de crudo.
En cuanto al comportamiento según la capitalización bursátil, la evolución fue homogénea, las pequeñas y medianas compañías se comportaron en línea con las empresas de mayor tamaño. Desde la perspectiva sectorial, el comportamiento estuvo condicionado por el fuerte repunte de la energía. El sector energético global avanzó un 11,33%, en contraste con los descensos del resto de sectores. Materiales e industriales lideraron las caídas, junto a los sectores más sensibles a las variaciones de los tipos de interés.