"En casa tenemos un talento especial: aplazar las conversaciones difíciles."
Así empieza la historia de Meritxell y Joan, dos hermanos que comparten mucho más que una empresa familiar. Comparten un patrimonio construido durante años, una responsabilidad respecto a la siguiente generación y cuatro hijos con proyectos de vida muy diferentes.
Como sucede en muchas familias, ambos saben que, antes o después, deberán tratar el tema del relevo de la empresa y de la transmisión del patrimonio. Pero nunca parece ser el momento adecuado para ello.
Joan no piensa aún en jubilarse. Sus hijos no están aún preparados para el relevo. Sin embargo, la conversación pendiente no afecta sólo a la empresa: hay también inmuebles, ahorros, inversiones y necesidades familiares diferentes de los que hay que ocuparse.
Su historia refleja una situación habitual. Cuando pensamos en el legado, acostumbramos a centrarnos en lo que dejaremos: una casa, unos ahorros, una cartera de inversiones o una empresa familiar. Pero hay una pregunta más importante:
¿Estamos preparando el patrimonio para que llegue a la siguiente generación de manera ordenada, eficiente y coherente, con el propósito con el que lo construimos?